Comentario de un liceísta

Escrito por oscarseidel 06-05-2017 en CUENTOS Y RELATOS. Comentarios (0)

Comentario de un liceísta

POR: MORO MANZI

El gran pedagogo alemán señor Max Seidel, a mi entender, dejó constituida una arquitectura como arte de proyectar y construir un modelo pedagógico que incluyera muchas vertientes del conocimiento.

Soy un convencido de que el señor Seidel durante sus travesías interoceánicas, pensaba quizá, recostado en su camarote o frente al mar, cómo iba a diseñar métodos de aprendizajes que se ajustaran a las mentes de unos seres humanos vigorizados por el trópico, y ozonizados por el mar de Balboa. Creo que en los atardeceres, viendo la caída del sol como un acuatizaje, pensaría, cómo sería escribir canciones donde el acento rítmico lo empujara a crear melismas para adornar, variar y enriquecer sus melodías interpretadas en el piano. También imagino que en aquellos días, habitante marino que ya era, y cuando aún no conocía su próximo destino, en ráfagas le llegaban imágenes de islas, que para él, ciudadano del frío, serían exóticas y primitivas llenas de viento, huracanes y rampante vegetación.

Su periplo, si así puede llamarse, lo trajo a Tumaco, isla descentrada del océano, próxima al continente cuya cordillera se tiró hacia el mar buscando quizá, el aire salitroso que le hacía falta. Los tumaqueños lo recibieron con mucha fe y entusiasmo. Y ahí comenzó su trabajo intelectual y administrativo en búsqueda del binomio: europeo-americano; abriendo la brecha por mucho tiempo atajada, pero, dispuesta a nutrirse de valores personales y de altura cultural.

Dentro de aquellos aportes por reforzar los conocimientos, hizo carrera años después, el ingreso a la Preparatoria. El maestro Max Seidel, dejó las bases pedagógicas afines a la educación mediante unos sencillos requisitos para optar al curso quinto escolar, conocido con la apócope cariñosa de la Prepa.

En aquel tiempo, sin embargo, ingresar a la Preparatoria era todo un reto si se tiene en cuenta que para ser admitido había que concursar por medio de un examen, que para la época era exigente. Recuerdo que dicha prueba versaba sobre varias materias, entre ellas matemáticas, donde preguntaban por los tipos de ángulos, qué representa el número n, qué son las fracciones o quebrados, tipos de triángulos, qué es un número primo, cómo se plantea una regla de tres. Lo mismo para español: sustantivos abstractos, preposiciones del español, qué es una perífrasis verbal, conjugue el verbo x en pospretérito; y qué decir de las ciencias sociales: organización política y administrativa de su municipio, poderes del Estado, estratificación social. Y así sucesivamente para Historia, Geografía, Ciencias naturales y otras materias que ya no se recuerdan.

Imagino a míster Seidel paseándose por la playa de Villa Lola, bien abajo de su Liceo, escuchando cantos, aires autóctonos africanos que dejan en cada verso la mitad de sus ángulos orgánicos. Intuiría él, la manera de asimilar los aires musicales llamados “Música negra,” cuya estructura sincopada se le presentaba en dos períodos. Y qué decir de aquella fórmula responsal, propia de la música africana, cantándole a los santos, a los patronos de sus veredas, a vivos o muertos ya adultos o niños. Ese lenguaje y esa cultura nueva debieron nutrir su mente y añadir a su acervo cultural un exotismo jamás imaginado.

Como liceísta que fui, al llegar al último grado de bachillerato sentía un egotismo mal controlado, cierta vanidad, y con mi juventud cerraba el círculo de lo evanescente y pasajero. Orgulloso de culminar mi bachillerato en el Liceo Nacional Max Seidel de Tumaco, cuyo nombre representa al pedagogo insigne, la sociedad tumaqueña le rinde y le guarda admiración, respeto y agradecimiento, por haber contribuido con su labor abnegada a iluminar las mentes de un pueblo inteligente y digno de mejor suerte.