Blog de oscar seidel

EL PROPIETARIO

Escrito por oscarseidel 11-09-2017 en CUENTOS Y RELATOS. Comentarios (0)

El propietario


Hace tiempo fui despertado con el ruido que producía la maquinaria de demolición. Siempre estuve al margen de lo que ocurría alrededor de mi casa. Después de vivir durante veinte años en este condominio, jamás llegué a pensar que iba a ocurrir esta situación, y más preciso que las casas de mis vecinos de ambos lados, del frente y de atrás, fueran destruidas para dar paso a la construcción de un centro comercial.

Quedé asombrado al llamar a la portería del condominio, y recibir como respuesta a la acción demoledora, que todos los vecinos habían vendido sus casas a los comerciantes de mercancía china, quienes de manera soterrada fueron comprando una a una las viviendas. No me pude percatar de esto, porque desde hace algunos años dejé de saludarlos, dado que eran muy burdos, no pude entenderme con ellos, y nunca respetaron las normas de convivencia. Antes por el contrario, me alegré cada vez que salía el camión del trasteo con los jotos de esa caterva de maleducados. < Jamás pensé que llegaría a quedarme solo en el vecindario >.

Ha pasado un año de la construcción, sigo recibiendo propuestas para que venda mi casa al precio que sea. < Los tengo fregados >. Según el diseño de la obra, mi casa quedaría situada en el lugar destinado para la fuente luminosa de agua, estaría rodeada por escaleras eléctricas, y es de las pocas cosas que faltan por hacer. Tienen argumentos muy convincentes, he estado a punto de desistir. Dicen que no voy a tener tranquilidad en mi alcoba, porque sería fisgoneado de manera permanente por los transeúntes; que la ropa interior de mi esposa será motivo de burla cuando la vean colgada en el patio, y que cualquier viejita se podría sentar en mi sala, creyendo que forma parte del anticuario del centro comercial. < Todo esto me tenía sin cuidado >.

A los quince meses, amanecí con el garaje taponado para sacar mi carro. Aducen que no hay diseñada una vía de acceso para que yo salga. Muy pronto suspenderán el servicio de agua, energía y gas. < Ahora si me tienen acorralado >. Para colmo de males, le ofrecieron a mi esposa manejar un almacén de chanclas chinas, y ella ha dado su consentimiento. < Estoy perdiendo la batalla>.

Hace algunos días, vi salir de la sala de cine del centro comercial a mi esposa, abrazada con uno de los accionistas. Comienzo a entender el por qué de tantos detallitos. < Voy a fraguar mi venganza. Demandaré la construcción >.

Hoy tengo malas noticias. Mi esposa se olfateó lo que yo pretendía hacer y, negoció con los comerciantes la venta de la casa, dado que el título de propiedad estaba a nombre de ella. Como es obvio le pedí la separación. Estoy con mi maleta a la salida del centro comercial; un grupo de obreros me hacen calle de honor. Marcha el último de los mohicanos urbanos, después de perder la guerra contra el invasor.


SIN SENTIDO

Escrito por oscarseidel 11-09-2017 en CUENTOS Y RELATOS. Comentarios (0)

SIN SENTIDO
Por: Oscar Seidel

Se encontró el cadáver en la mañana. Fue el hombre más rico del pueblo. Hubo total consternación. En su vida, jamás fue al médico. No tuvo preocupaciones familiares. No le faltó alimento, y sus negocios iban de maravilla. Medicina legal dictaminó: muerte por exceso de felicidad.

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Morir de ganas

Escrito por oscarseidel 09-09-2017 en CUENTOS Y RELATOS. Comentarios (0)

Morir de ganas

Por: Oscar Seidel

En mi viaje a la Habana, la tormenta tropical atrapó la aeronave. Moría de ganas por conocer la isla. Ahora, sentado en el bar La Bodeguita del Medio, escucho comentarios de un par de turistas extranjeros sobre el accidente aéreo sucedido esta mañana en el mar Caribe, del cual, no se salvó ningún pasajero. Asustado, salgo del lugar. Me asombro al pensar que mi alma voló más rápido que mi cuerpo.                    


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Se quemó el asado

Escrito por oscarseidel 09-09-2017 en CUENTOS Y RELATOS. Comentarios (0)

Se quemó el asado
Por: Oscar Seidel
Con motivo de la visita del Papa a la ciudad, el Alcalde municipal decretó la amnistía para que los presos que llevaran más de diez años cumpliendo su condena, quedaran en libertad. Los habitantes se alarmaron porque consideraban que esos criminales sueltos representaban un peligro para Su Santidad y la comitiva, y decidieron impedir su salida de la cárcel. El Alcalde preocupado porque ya estaba comprometido con los organizadores del programa Papal, decidió sacarlos del perímetro urbano de manera clandestina, y dio la orden que fuese en el camión en donde transportaban las vacas al Matadero Municipal. 
Ese sábado, horas antes de que llegara el representante de Dios en la Tierra, el Burgomaestre tenía dos asuntos pendientes: liberar los presos indultados, y terminar la plazoleta en donde el Papa oficiaría la misa. Los primeros veinte criminales pudieron meterlos camuflados como vacas en el camión debidamente sellado con candados, y cubiertos con una lona para que no se les viera. Los vecinos que habían establecido guardia permanente alrededor de la penitenciaría, no sospecharon nada del vehículo que salió de su interior. 
Cuando el camión había recorrido casi toda la ciudad, y le quedaba el ultimo reten por pasar que era la plazoleta del evento, tuvo que detenerse porque los operarios de la energía estaban colocando los reflectores de luz para el evento a celebrarse en la noche. En esas, uno de los operarios que jalaba un cable de alta tensión se descuidó, y preciso el cable cayó encima del camión que supuestamente transportaba “los animales”. El chofer sintió un impacto en la parte trasera del vehículo. Momentos después sucedió la explosión, el fuego empezó en minutos, y el cargamento no se pudo evacuar porque el chofer tenía sellados los vidrios polarizados de las ventanas, llevaba las llaves de los candados de la parte trasera, y fue el primero en morir. 
Las llamas y el humo se extendieron a todo el camión, y creó pánico en los presos que pese al corrientazo hacían desesperados esfuerzos por salvar sus vidas. Momentos de histeria se vivieron en el dramático suceso, ante la mirada atónita e impotente de los trabajadores de la energía, que trataron en vano de auxiliar al chofer electrocutado y los “semovientes”. Dicen los habitantes que nunca habían oído tantos mugidos de vacas parecidos a los gritos de seres humanos (los presos no podían pedir auxilio porque se delataban, y en su desesperación solo clamaban muuuuu….muuuuu). 
Todo quedó consumido por el fuego. El calor fue tal que solo la estructura de acero del camión quedó reconocible. El olor a carne quemada era muy fuerte, y solo se veía el reguero de huesos no identificables. Luego, los empleados del aseo limpiaron lo que estaba calcinado; los operarios de la energía terminaron su labor, y la plazoleta quedó lista para el evento. 
Por la noche, los habitantes fueron muy tranquilos a la misa puesto que no habían visto salir a los presos de la cárcel, salvo el Alcalde que parecía aturdido. Él tuvo que mentirle al Papa de que había derogado el decreto del jubileo por el motín en la cárcel, dado que los presos exigieron igualdad de derechos, y él no podía desocupar en su totalidad la penitenciaría.
Al otro día cuando el avión partió del pueblo, el Papa comentó en sotto voce a su Cardenal: “estoy muy extrañado con el olor, parece que mi visita incidió para que todos hicieran asado en sus casas, y sobretodo que los presos no quisieron salir de la cárcel”.

La imagen puede contener: una o varias personas, multitud y exterior


LA OBSESIÓN

Escrito por oscarseidel 24-08-2017 en CUENTOS Y RELATOS. Comentarios (0)

LA OBSESIÒN   

Por: Oscar Seidel

Era tarde y no había nadie en el taller, con excepción del carpintero y su mujer, quien se hallaba lavando unas lentejas en la cocina. El invierno era intenso. La mujer de cabellos negros y largos, llevaba puesta una túnica azul de lana. El hombre la miraba.

-Está bien -dijo Yusuf-. ¿Qué decidiste?

-No -dijo Marièn-. No puedo.

-¿Querrás decir que no quieres?

-No puedo. Eso es lo que quiero decir.

-No quieres.

-Bueno -dijo ella-. Arregla las cosas como quieras.

-No arreglo las cosas como quiero, pero, ¡por Yahveh que me gustaría hacerlo!

-¡Te voy a quitar la inocencia! -dijo él.

-Por favor, no lo hagas -dijo ella.

-Lo voy a hacer. ¡Te juro por Yahveh que lo voy a hacer! 

Ella lo miró, y dijo:-No me culpes. Fue El Señor quien decidió que el niño sería

concebido por obra y gracia suya.