Blog de oscar seidel

LA ÚLTIMA RECALADA

Escrito por oscarseidel 30-04-2018 en CUENTOS Y RELATOS. Comentarios (0)

LA  ÚLTIMA RECALADA

Por: Oscar Seidel

El dueño del prostíbulo tenía amores enfermizos por el capitán del buque mercante, que cada dos meses atracaba en el muelle de Puerto Perla. Se alteraba con su visita al cabaret, dado que éste prefería a Dalila. Una noche cuando celebraba su quinta recalada, ebrio, no soportó más y le propinó un tiro en el corazón. No pudo contener los celos, porque Dalila le prestaba sus servicios a un marinero de otro barco anclado en la bahía. Del capitán y del dueño del cabaret no se volvió a saber, desde aquella vez que los vieron huir juntos. Fue su última recalada.


Por encima de todo

Escrito por oscarseidel 02-04-2018 en CUENTOS Y RELATOS. Comentarios (0)

Por encima de todo

Por: Oscar Seidel   

Por falta de recursos económicos, y con el ánimo de controlar gastos, el comandante de la policía local había impartido orden a sus subalternos, de mantener bien limpios y secos los uniformes y armas de dotación. Aquella mañana que los ladrones atracaron el banco comercial, no esperaban reacción inmediata de los uniformados. Al estar acorralados, sin más escapatoria, huyeron hacia el muelle, y se lanzaron con el botín al mar. Sin embargo, no pudieron ser capturados. Los habitantes quedaron consternados y furiosos con la disciplina de los policías,por acatar al dedillo la orden del superior.


Por un puñado de billetes

Escrito por oscarseidel 02-03-2018 en CUENTOS Y RELATOS. Comentarios (0)

Por un puñado de billetes

Por: Oscar Seidel

Era Mercedes la modelo alemana más cotizada de la casa comercial. El día que el ganadero la vio en la ciudad, quedó hechizado. Sin discusión alguna, ofreció un gran fajo de billetes por ella. Todos quedaron impresionados con la propuesta; nada había que hacer, una vez más aquel hombre podía adquirir lo que quisiera.

La vida que soportó al lado de este campesino sin modales, no tuvo nombre ni adjetivo. La trataba a patadas con sus sucias botas montañeras; le arrojaba el humo de sus malolientes tabacos, y la enloquecía con su estridente música de carrilera.

Juró desquitarse de aquel patán con plata, Podía ser el dueño del pueblo y sus alrededores, pero le había llegado la hora. Aquella tarde, al regresar de la finca, pasado de tragos lo excitó con su rugir de fiera germana, y alborotó el ego, con funestas consecuencias.

Cuando llegó la ambulancia, recogieron a la vera del camino, el cadáver del agropecuario. Ella fue llevada a la Clínica de Reparación. Al verla, el mecánico solo atinó a decir: “Tan hermosa que era la señorita Benz”. 


Se le perdió la cartera

Escrito por oscarseidel 23-02-2018 en CUENTOS Y RELATOS. Comentarios (0)

"Se le perdió la cartera”

Por: Oscar Seidel

Desesperado por no poder pagar la deuda contraída con el “gota, gota”, aquel hombre fue a la iglesia a pedir al Señor que le ayudara a solucionar dicho problema. Se sentó en la banca, y no había terminado de decir su plegaria, cuando al lado vio a la loca del pueblo. De un momento a otro la observó salir, y de reojo mirò que su billetera estaba encima de la banca. Sin pensarlo, gritó en plena misa:”Me robaron”. En medio de la consternación de los feligreses y del cura mismo, salió raudo en busca de la loca, pero su intento de alcanzarla fue inútil. Regresó compungido a la iglesia, revisó la billetera, y para su asombro  todavía estaban los únicos diez mil pesos que cargaba. Al final, se persignó y dio gracias a Dios, porque si bien, todavía no le daba el dinero que imploraba, tampoco le había hecho quitar el poco que tenía.


Cuándo llegará?

Escrito por oscarseidel 23-02-2018 en CUENTOS Y RELATOS. Comentarios (0)

“Cuándo llegará?”

Por: Oscar Seidel

El día de su boda, la mujer sugirió al novio no destapar los regalos que habían recibido. Intrigado el esposo por aquella acción tan extraña, preguntó el porqué de dicha propuesta. Tenemos que guardar las cosas para cuando llegue el momento, respondió ella.

Al cabo de muchos años, la esposa murió. Al abrir su closet, cayeron al suelo uno tras otro, los numerosos regalos sin destapar: la hermosa pijama de satín con encaje Chantilly que nunca se puso, porque prefirió dormir todas las noches con una desalentadora quita pasión de tela sencilla; las costosas gafas Cartier sin utilizar en la luna de miel, para evitar que se quebraran; la vajilla Baviera de doce puestos, dado que comía en platos desechables para omitir lavar; y los vencidos turrones de Alicante que no probó jamás.

Había llegado el momento, si, pero de regalar todos esas cajas, porque en el ataúd no cabían.