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Microcuentos.es "La rebelión de las notas"

Escrito por oscarseidel 08-07-2018 en CUENTOS Y RELATOS. Comentarios (0)

Microcuento "La rebelión de las notas" de Oscar Seidel, publicado en la revista virtual Microcuento.es de Penguin Random House Grupo Editorial S.A.U,de Barcelona.España.

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Uno tras otro fueron cayendo

Escrito por oscarseidel 21-05-2018 en CUENTOS Y RELATOS. Comentarios (0)

Uno tras otro fueron cayendo

Por: Oscar Seidel

Como un demente, el único policía del caserío de La Barra asesinó a una veintena de cochinos. Los habitantes, sorprendidos vieron como fueron cayendo uno tras otro con un tiro en la cabeza, disparado desde la vieja carabina Winchester 30-30 modelo 1894 de seis cartuchos que decomisaron hace años a un turista gringo, y que fue recargando y apretando el gatillo hasta casi agotar cinco cajas de municiones.

El inspector de policía había dado la orden de acabar con todos los cochinos del lugar, porque no aguantó más el asqueroso olor que emanaban. Nunca esperó que fuese cumplida por el policía con tanta vehemencia.

Durante la matanza, los pobladores no pudieron hacer nada, salvo, observar al poco tiempo la decisión del juez municipal –a quien le había llegado la queja del grupo de hippies asentado en la playa-  que obligó al inspector a desapartarse del cargo por su arbitrariedad. La tranquilidad del lugar no iba a durar mucho, hasta la noche que el policía borracho mató los dos últimos puercos …………..que a la postre eran propiedad del inspector,  y que los tenia ocultos para la lechona de Navidad.

Aquella mañana fue encontrada la carabina con el cargador y la recámara vacíos. Las dos últimas balas habían sido impactadas cada una en las cabezas del inspector y del policía, por el sucio y drogadicto hippy de La Barra, en retaliación por la marranada cometida, y previendo una futura acción contra ellos.


LA ÚLTIMA RECALADA

Escrito por oscarseidel 30-04-2018 en CUENTOS Y RELATOS. Comentarios (0)

LA  ÚLTIMA RECALADA

Por: Oscar Seidel

El dueño del prostíbulo tenía amores enfermizos por el capitán del buque mercante, que cada dos meses atracaba en el muelle de Puerto Perla. Se alteraba con su visita al cabaret, dado que éste prefería a Dalila. Una noche cuando celebraba su quinta recalada, ebrio, no soportó más y le propinó un tiro en el corazón. No pudo contener los celos, porque Dalila le prestaba sus servicios a un marinero de otro barco anclado en la bahía. Del capitán y del dueño del cabaret no se volvió a saber, desde aquella vez que los vieron huir juntos. Fue su última recalada.


Por encima de todo

Escrito por oscarseidel 02-04-2018 en CUENTOS Y RELATOS. Comentarios (0)

Por encima de todo

Por: Oscar Seidel                                                                                                                                                                                                                                                              Aquella mañana que los ladrones atracaron el banco comercial, no esperaban reacción inmediata de los uniformados. Al estar acorralados, sin más escapatoria, huyeron hacia el muelle, y se lanzaron con el botín al mar. Sin embargo, no pudieron ser capturados.Por falta de recursos económicos, y con el ánimo de controlar gastos, el comandante de la policía local había impartido orden a sus subalternos, de mantener bien limpios y secos los uniformes y armas de dotación. Los habitantes quedaron consternados y furiosos con la disciplina de los policías,por acatar al dedillo la orden del superior.


Por un puñado de billetes

Escrito por oscarseidel 02-03-2018 en CUENTOS Y RELATOS. Comentarios (0)

Por un puñado de billetes

Por: Oscar Seidel

Era Mercedes la modelo alemana más cotizada de la casa comercial. El día que el ganadero la vio en la ciudad, quedó hechizado. Sin discusión alguna, ofreció un gran fajo de billetes por ella. Todos quedaron impresionados con la propuesta; nada había que hacer, una vez más aquel hombre podía adquirir lo que quisiera.

La vida que soportó al lado de este campesino sin modales, no tuvo nombre ni adjetivo. La trataba a patadas con sus sucias botas montañeras; le arrojaba el humo de sus malolientes tabacos, y la enloquecía con su estridente música de carrilera.

Juró desquitarse de aquel patán con plata, Podía ser el dueño del pueblo y sus alrededores, pero le había llegado la hora. Aquella tarde, al regresar de la finca, pasado de tragos lo excitó con su rugir de fiera germana, y alborotó el ego, con funestas consecuencias.

Cuando llegó la ambulancia, recogieron a la vera del camino, el cadáver del agropecuario. Ella fue llevada a la Clínica de Reparación. Al verla, el mecánico solo atinó a decir: “Tan hermosa que era la señorita Benz”.